La fascia plantar es una gruesa estructura fibrosa y plana que tenemos en la planta del pie. Es uno de los principales soportes estáticos del arco del pie, por lo que está sometida a importantes fuerzas de tracción. Además ayuda a transmitir la energía en cada paso al caminar o correr. La zona de más tensión se sitúa en su inserción en el calcáneo, debajo del talón. A este nivel además sufre constantes traumatismos por el «golpe de talón» cuando caminamos o corremos, por lo que puede inflamarse y sufrir pequeñas roturas que originan el cuadro clínico denominado como fascitis plantar (mal llamado espolón calcaneo)

Es una lesión muy común, sobretodo en deportistas por el sobre uso que recibe, y especialmente en corredores.

En pacientes más sedentarios también es frecuente, y suele estar relacionada con un exceso o aumento de peso, alteraciones del apoyo del pie, deformidades progresivas como ocurre en el pie plano del adulto, o gemelos excesivamente cortos como causas principales.

No todos los dolores en el talón (talalgia) son por fascitis plantar.

Podemos diagnosticar también inflamaciones de la almohadilla plantar, debajo del talón, fractura de estrés del calcáneo o quistes/tumores óseos del mismo, atrapamientos del nervio calcáneo medial o del nervio calcáneo inferior…Otra entidad diferente y frecuente son los «bumps» o «bultos» en la pared lateral del calcaneo, que suelen provocar molestias por conflicto con el calzado o en las expansiones laterales de la inserción aquilea.

También deben descartarse enfermedades reumáticas cuando no se explica la causa del dolor.

El diagnóstico se basa en la historia que refiere el paciente y la exploración física.

En la fascitis plantar es muy típico el dolor de los primeros pasos al levantarse de la cama, o tras un periodo de sedestación o inactividad.

Conviene realizar radiografías laterales del pie en carga, para descartar las diferentes patologías comentadas.

Conviene destacar que si existe una calcificación o prominencia en la zona, el llamado espolón calcáneo, no es una causa sino una consecuencia del proceso y que exista no implica mayor ni menor gravedad, por lo que, en general, no está indicada su extirpación quirúrgica.

En ocasiones podemos completar el estudio de la fascia plantar con imágenes de ecografía o resonancia magnética. Estas pruebas son especialmente importantes en caso de dolor brusco o de gran inflamación o impotencia funcional, para descartar una rotura aguda completa de la fascia.

Habitualmente se apreciarán los signos inflamatorios, edema, y engrosamiento fibroso de la fascia en casos de fascitis subaguda o crónica.

El tratamiento de la fascitis plantar suele realizarse de forma escalonada, y no recomendamos pasar al siguiente nivel de tratamiento hasta haber agotado el anterior, ya que en general, todos los procesos fascio-tendinosos, sobre todo si son crónicos, son largos y necesitan de tiempo y constancia en su tratamiento para su resolución.

Empezaremos por cierto reposo (disminuir el tiempo de carrera, caminar menos…) o cambio por actividades donde no exista golpe de talón (bicicleta, natación…), medidas antiinflamatorias farmacológicas y locales, y tratando los factores mecánicos (sobrepeso, excesos de tracción…).

La fisioterapia siempre ayuda, basada en la terapia manual, estiramientos, y algunas técnicas como electroterapia, ultrasonidos o magnetoterapia.

En los casos (muy frecuentes) en que se asocia a una brevedad de gemelos, su estiramiento regular a diario es la base de la terapia.

En muchos casos recomendamos el uso de taloneras (por un breve periodo de tiempo) o mejor, de plantillas a medida basadas en un estudio personalizado de la marcha, y exploración del podólogo, para corregir posibles alteraciones mecánicas de la marcha y descargar tensiones de la fascia plantar.

La mejoría suele ser lenta, pero si el paciente no cumple y no es constante, el proceso se hace crónico.

Tras 3-6 meses de tratamiento conservador correcto, sin experimentar mejoría, debemos plantear otras alternativas terapéuticas. Las infiltraciones con un corticoide son una opción cuando existe mucho dolor, pero no deben repetirse si no tienen efecto y nunca más de tres veces, ya que, a pesar de que bien aplicadas suelen proporcionar mucho alivio sintomático, tienen efectos indeseables, y pueden degenerar el tejido fascial u otras estructuras próximas.

Las ondas de choque extracorpóreas, se trata de una técnica poco invasiva, y que ha demostrado ser una de las más eficaces en esta fase. También puede ser útil la aplicación de láser local como medida física antiinflamatoria.

Es siguiente escalón de tratamiento sería las infiltraciones con Plasma Rico en Plaquetas (PRP), también llamados «Factores de Crecimiento», que al estimular la regeneración celular local, ayudan a disminuir la inflamación y favorecen la cicatrización del tejido dañado. El tratamiento requiere de 1 a 3 infiltraciones, separadas 2-3 semanas, y de 2 a 3 semanas de descarga parcial con una ortesis y disminución de la actividad habitual. Con esta terapia estamos obteniendo muy buenos resultados clínicos.

Si los tratamientos previos fracasan podemos plantear algunas opciones quirúrgicas.

En nuestra unidad realizamos las últimas técnicas disponibles, con las que obtenemos muy buenos resultados, con índices de curación que rondan el 97%. Se trata de técnicas mínimamente invasivas (MIS), endoscópicas.

A través de una incisión de aproximadamente 2mm, introducimos una cámara que nos permite identificar la zona patológica de inserción fascial, y mediante una cuchilla especialmente diseñada se secciona parcialmente la zona lesionada.

Si la fascitis estaba relacionada con una retracción excesiva de gemelos, y su estiramiento por parte del paciente o del fisioterapeuta no ha sido efectivo, podemos combinar también un estiramiento de gemelos mediante la misma técnica endoscópica mínima invasiva.

A esta técnica quirúrgica puede asociarse la infiltración de PRP comentada anteriormente.

El postoperatorio requiere de 3-4 semanas de descarga parcial y actividad reducida, deambulando con una ortesis, hielo local y fisioterapia.

En otros casos, puede realizarse un tratamiento, también técnicas mínimamente invasivas (MIS) y percutáneo, que consiste en perforar la zona degenerada o cicatricial con un terminal de radiofrecuencia (coblation) llamado Topaz, favoreciendo también un postoperatorio sencillo, y una rápida vuelta a la actividad.

En los muy pocos casos rebeldes o de fracaso de todo lo expuesto anteriormente, se debe realizar una exposición abierta de la zona y realizar una fasciotomia parcial o total además de liberación de las ramas nerviosas que pueden verse afectadas por el proceso crónico. En estos casos la recuperación de la vida normal es más prolongada.

Para evitar la cronificación de la enfermedad, lo que supondrá una recuperación más lenta y prolongada, o incluso el requerir un procedimiento quirúrgico para su resolución, recomendamos consultar con una unidad especializada en cuanto empiece a sufrir los síntomas explicados.

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