El Hallux Rigidus es una patología del primer dedo del pie (hallux), que consiste en la limitación del movimiento (rigidez) y en el desarrollo progresivo de artrosis de la articulación metatarsofalángica (pérdida del cartílago entre el primer metatarsiano y la falange del dedo gordo).

Se cree que se debe a un factor predisponente consistente en una elevación excesiva del primer metatarsiano (metatarsus primus elevatus) o a un exceso de acortamiento de algunas estructuras plantares del pie (fascia plantar…) o de los músculos gemelos.

Otra causa habitual es un traumatismo previo, o microtraumatismos de repetición (por ejemplo en futbolistas).

El Hallux Rigidus puede ser leve, moderado o severo, según la deformidad y la artrosis de la articulación.

Los pacientes en general no consultan hasta que aparece un dolor importante y dificultad para caminar, debida a la limitación de la flexión dorsal del dedo. El dolor no siempre está relacionado con el estado evolutivo, y puede incluso ser severo en fases iniciales.

Frecuentemente es confundida por muchos pacientes con un Hallux Valgus o Juanete, pero, aún afectando a la misma zona del primer dedo (hallux), se trata de una entidad totalmente diferente. El dedo suele desviarse nada o menos en valgo, y el “bunion” o abultamiento que aparece es más dorsal que medial, y es debido a los osteofitos que van desarrollándose con el tiempo, que son prominencias y picos óseos que aparecen conforme va progresando la artrosis de esta articulación.

En los casos leves y moderados las modificaciones del calzado, con suela más gruesa y rígida, o el uso de zapatos con suela en balancín (tipo MBT®) pueden disminuir los síntomas y mejorar la marcha, aunque no suelen evitar la progresión de la patología. También puede ser útil la fisioterapia de la articulación y la infiltración con Ácido Hialurónico.

Un aspecto muy importante en su tratamiento, sobretodo en fases muy iniciales, son los estiramientos de los gemelos y las estructuras acortadas.

Si el dolor no se controla con estas medidas conservadoras, o se evidencia una progresión radiológica de la patología, se recomienda el tratamiento quirúrgico. El objetivo será mejorar la movilidad del dedo, y sobre todo, aliviar las molestias y detener o enlentecer su progresión hacia una artrosis más severa.

En estadios iníciales, esta intervención es más simple y se obtienen mejores resultados. Consiste en una osteotomía que se fija con pequeños tornillos de titanio, similar a la realizada en la cirugía del Hallux Valgus. Habitualmente se realiza de forma ambulatoria o con una noche de ingreso.

Se puede apoyar el pie desde el primer momento, utilizando un zapato ortopédico de postoperatorio con tacón invertido durante unas 4 semanas. No es una intervención dolorosa y los pacientes dejan de tomar los analgésicos en los primeros días. Aún así conviene no caminar ni permanecer mucho de pie en las primeras semanas para evitar la inflamación. El calzado y la vida normal se recuperan entre las 4 y 8 semanas posoperatorias.

En casos más avanzados, o donde la enfermedad progresa hasta una artrosis más severa, la intervención que acostumbramos a realizar es la Artrodesis de la articulación metatarsofalángica, es decir la fijación quirúrgica con tornillos y/o placas de esta articulación. A pesar de la perdida de movilidad, la mejora es muy importante, ya que desaparece el dolor, y es posible caminar sin dificultad.

Existen también las Prótesis metatarsofalángicas, pero esta cirugía la reservamos para muy pocos casos, ya que hasta la fecha, los diseños actuales, no logran resultados tan buenos ni duraderos. Aún así hemos implantado algunas con satisfacción de los pacientes.

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